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Hipódromo de El Rosal: el deporte de los reyes vuelve a Bogotá. Todos listos para el inicio de las carreras: el jockey John Castillo; de pie, Alejandra Martínez, Henry Valencia, Luisa de Triana, Gabriel Uribe, Cilia María González y Jaime Mejía. Sentados: Luis Felipe Triana, Ana Milena Jaramillo y Jaime Cuéllar. Foto: Imagen Reina/13

Hipódromo de El Rosal: el deporte de los reyes vuelve a Bogotá

A partir del 20 de abril los fanáticos de las carreras de caballos tendrán un espacio, a media hora de la capital, para darle rienda suelta a su afición. En Bogotá se volverán a vivir las glamourosas tardes de derby, que hace 25 años reunían a los personajes de la vida nacional en el Hipódromo de Los Andes.

Después de recorrer los 18 kilómetros que separan a Bogotá del municipio de El Rosal, un grupo de criadores, propietarios y aficionados a la hípica se reunieron para hablar de la apertura del Hipódromo de El Rosal. Han pasado más de dos décadas desde que se cerró el Hipódromo de Los Andes, así que no pueden esperar a que empiece a andar este proyecto, construido en una extensión de 28 fanegadas, en el que ya está lista la pista de arena de 1.270 metros de largo.

La largada del Hipódromo arranca con el pie derecho gracias a la experiencia del empresario y criador de caballos Jaime Mejía. La tradición hípica que empezó su padre, quien fuera miembro de la junta directiva del Hipódromo de Los Andes y director de la revista hípica La fija, ya se había reactivado con el manejo que le dio al Hipódromo de Villa de Leyva. “El contrato de arrendamiento que teníamos en el terreno de Villa de Leyva se terminó el año pasado y estaba previsto hasta el 2017”, cuenta Jaime.

Para lograr su propósito tiene el apoyo de quienes ven en el Hipódromo la oportunidad ?de revivir su afición. Ese es el caso de los hermanos Andrés y Guillermo Leaño, criadores de caballos y propietarios del terreno en El Rosal. “Este era el norte que estábamos buscando para vivir y trabajar nuestra pasión por la hípica. El contacto con las carreras es una maravilla, porque además va a ser un lugar incluyente, para toda la familia”, anota Andrés Leaño.

Después del cierre del Hipódromo de Guarne, Antioquia, en el 2006, los criadores han tenido que exportar sus animales a Panamá, en donde su éxito ha sido tal que tienen restricciones a la hora de correr el Gran Derby para proteger la crianza local, y solo los dejan participar en las carreras de handicap. Por eso, la apertura del nuevo hipódromo ha despertado tanto interés y entusiasmo. Luis Felipe Triana, presidente de la Asociación Colombiana de Criadores de Caballos Pura Sangre Inglesa, ya tiene una potranca y dos potros listos para correr. “Esto me emociona y a la vez me da nostalgia. La primera vez que vi una carrera de caballos fue en el Hipódromo de Techo y me quedé enamorado del espectáculo. Allí conocí mucha gente que hoy es parte importante de mi vida, empezando por Luisa, mi esposa, quien es nieta de Ernesto Puyana, un gran criador de caballos de carreras, dice Triana, quien también conforma la junta directiva del Country Club de Bogotá. “Lo importante es recuperar la afición al caballo. Así nacen nuevos propietarios y una plataforma para que los jockeys se conviertan en atletas internacionales”, complementa Triana.

John Castillo, considerado como el mejor jockey del país, dice que en Colombia actualmente solo hay14 jinetes de carreras. “Como nacen caballos también tienen que nacer jinetes, afirma. Hace muchos años no teníamos un hipódromo cerca a la capital, ni una hípica grande”. El antioqueño de 25 años le dedicó tres meses al mantenimiento de la pista, y no descansó hasta que estuvo seguro de que no quedara en la arena ninguna piedra que pudiera producir un accidente y lesionar a algún ejemplar.

A su lado trabaja el jinete José Antonio Gallego, El Chiqui, con quien galopa diariamente los caballos. Para el día del lanzamiento, el 20 de abril, estarán acompañados de algunos jinetes que trabajaron en los hipódromos de Villa de Leyva, Techo y Los Andes. “La idea es atraer a las nuevas generaciones a este deporte. Vamos a tener una escuela con muchachos a partir de los 15 años”, concluye Castillo.

Según el antiguo criador Gabriel Uribe, el aficionado más joven hoy está por encima de los 35 años de edad. “El Hipódromo de Los Andes se cerró en 1987 y esto creó un vacío generacional que es necesario llenar. No podemos soportar el Hipódromo de El Rosal solo con el capricho de los viejos. Lo importante es vincular muchos jóvenes, pero somos conscientes de que la gente relaciona las carreras con las apuestas, y se ve como un vicio. La hípica no es un juego de azar. Para apostarle a un caballo se deben dedicar mínimo siete días de análisis, metiéndole ciencia, matemáticas y corazón”, recalca Uribe.

De eso puede hablar Felipe Martínez, quien creció entre las carreras de caballos influenciado por su padre, Rubén Martínez. “Mi papá, dueño de algunos ejemplares, no salía del Hipódromo de Los Andes y me llevaba desde los 5 años. Hoy a mis 36 años quisiera juntar cinco amigos para comprar un caballo y disfrutar esta afición desde otro lugar”, comenta.

La conclusión a la que llegaron es que no quieren seguir pegados a los recuerdos. “En Bogotá las demás competencias hípicas, como el polo, la equitación, el adiestramiento y el vaulting, también son concurridas por niños y mujeres bellas”, dice Mario Jorge García, uno de los criadores. Esperamos que en el Hipódromo de El Rosal haya buenas carreras, buena música, buena comida, gente linda, elegante y aficionada”, recalca.

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